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Por qué Mitilena es mejor

No te pedimos que confíes en una caja negra

Vamos a ser claros: un monedero hardware corriente (un «secure element») no es simplemente un sitio que «guarda» tu clave privada. Es un MICROORDENADOR. Además de generar un monedero, puede hacer miles de operaciones complejas a tus espaldas.

01

Estás tratando con un microordenador de código cerrado fabricado en una fábrica lejana. Para tener acceso allí hay que firmar acuerdos de confidencialidad, conseguir que aprueben tu solicitud comercial y pagar por adelantado lotes enteros de chips. Y aun así, a ese aparato le entregas el poder absoluto sobre tus claves maestras.

Si empiezas a hacer preguntas incómodas, pueden sencillamente rechazarte por ser un cliente «difícil». ¿Y un comprador normal de la calle? Acceso cero.

02

En la fábrica graban su propio sistema operativo cerrado directamente en la placa. Ese sistema genera por su cuenta tus claves privadas y firma tus transacciones.

Nunca vas a saber qué hay de verdad escondido en ese silicio: una puerta trasera de hardware para los servicios de inteligencia, una fuga de datos que se dispara con una orden concreta, o una generación de claves predecible.

Una contradicción lógica

Confías en la caja negra de otro. Por un lado dices:

«Ellos saben más que yo, así que les doy el derecho de gestionar mi frase semilla».

Pero al mismo tiempo estás diciendo:

«Ellos saben menos que yo: ni los servicios de inteligencia, ni los operarios codiciosos de la fábrica, ni los hackers, ni la mafia local pueden aprovecharse de esto».

Es una contradicción lógica enorme.

Secure element

Un microprocesador «inteligente» que toma las decisiones por ti.

La tarjeta Mitilena

Es puro soporte seguro de datos. Guarda una clave privada (o una frase semilla) que cifraste tú, y solo tú.

Podrías escribir literalmente tu clave privada en un llavero corriente de portal y seguiría funcionando con nuestra app.

Un bolso de piel de pitón en tu casa es solo un bolso. Una pitón viva detrás del sofá es una amenaza peligrosa e impredecible. De lejos pueden parecerse, pero la diferencia es mortal.

Vivimos en la era de Snowden, la NSA, el Gran Cortafuegos de China y el Chat Control europeo. Con ese panorama, creer que una fábrica puede producir en masa microordenadores de cripto en caja negra y enviarlos por todo el mundo sin que «quien corresponde» los vigile es irremediablemente ingenuo.

Confías en él más que en ti mismo

«Buenos días. Me llamo Jamaha Nichaja. Vine aquí desde una provincia pobre y lejana. Mi jornada entera vale menos que lo que tú pagas en una sola comisión de transacción. Vivo en los dormitorios de la fábrica, duermo por turnos con dos compañeros de cuarto y monto vuestros aparatos. Hoy soy el tipo que programó el chip al que estás a punto de confiarle los ahorros de toda tu vida. ¡Con mucho respeto!»

Jamaha Nichaja, operario de la línea de producción
Un repaso histórico

Esto no es paranoia. Es realidad documentada.

2013 · La NSA y el NIST
Una puerta trasera en el estándar mundial de criptografía

La NSA metió en los estándares del NIST el generador de números pseudoaleatorios Dual_EC_DRBG, que contenía una debilidad matemática. Después pagó 10 millones de dólares a RSA Security* para que ese algoritmo defectuoso fuera la opción por defecto en sus productos.

* En criptografía, RSA Security es lo que el COI en el deporte: la autoridad de referencia del sector, y el propio algoritmo RSA lleva su nombre.

2015 · Hacking Team y el NIS
Servicios de inteligencia comprando «hackeo como servicio»

Una filtración de la base de datos de la empresa italiana Hacking Team reveló que el NIS surcoreano compraba su Remote Control System. Lo usaban para entrar en los móviles de los ciudadanos, leer mensajes de KakaoTalk y activar micrófonos a distancia. El agente responsable de la compra se quitó la vida después, dejando una nota en la que aseguraba que solo vigilaban a «espías del norte».

2017 · Vault 7, CIA
Weeping Angel: aparatos que fingen estar apagados

Un programa conjunto de la CIA y el MI5 infectaba televisores inteligentes de Samsung. El televisor apagaba la pantalla y los pilotos y parecía completamente apagado, mientras el micrófono grababa en secreto las conversaciones de la habitación y las enviaba a servidores de la CIA.

Neutralidad.
Fiabilidad.
Garantías.
1970–2018 · Operación «Rubicón»
La estafa del siglo: la «fiabilidad suiza» era una tapadera de la CIA

La suiza Crypto AG era el líder mundial absoluto en máquinas de cifrado y criptografía de hardware. Todo el mundo compraba sus equipos con una lógica sencilla: es Suiza, son neutrales, ¡serán de fiar! En 1970, la CIA y el BND de Alemania Occidental compraron la empresa en secreto entre las dos, y los ingenieros de los servicios de inteligencia plantaron vulnerabilidades a propósito en los algoritmos de generación de claves.

Durante décadas, ese hardware comprometido a conciencia se vendió a unos 130 países, entre ellos Irán, varios países latinoamericanos, el Vaticano e incluso aliados como Italia y Austria. Los compradores creían tener una «caja negra» cerrada y ultrasegura, mientras los servicios de inteligencia leían sus comunicaciones secretas como un libro abierto. Dentro de la CIA lo llamaban «el golpe de inteligencia del siglo».

En resumen
EAL6+ EAL5+ CC ISO 15408 FIPS 140-3 PP-0084 SOG-IS BSI · NIAP AVA_VAN.5

El conocido criptógrafo Bruce Schneier dejó dicha una frase famosa: «La complejidad es el peor enemigo de la seguridad». Y sin embargo, la industria de los monederos hardware se apoya justo en el truco psicológico contrario: deslumbrar al usuario con tanta complejidad que dé por hecho que aquello tiene que ser seguro. Nos entregan la sigla EAL6+ como garantía de protección absoluta, pero detrás de esa niebla de marketing hay un monopolio estatal al 100%. El sistema no se sostiene sobre las leyes de las matemáticas, sino sobre acuerdos gubernamentales cerrados. Los laboratorios independientes solo prueban los chips; los certificados de verdad los emiten siempre organismos del Estado (como el BSI en Alemania o el NIAP en Estados Unidos). Sin una licencia y sin la supervisión estricta de los gobiernos, exactamente los mismos que históricamente adoran las puertas traseras y la vigilancia masiva, sencillamente no puedes jugar en este mercado.

Al final, los fabricantes de monederos hardware presumen de que sus «cajas negras» están aprobadas por señores de traje cuyo trabajo consiste literalmente en vigilarte.

!

Hace solo 30 años, exportar criptografía fuerte desde Estados Unidos se perseguía como contrabando de armas. La criptografía figuraba oficialmente en la lista de material militar, justo al lado de los misiles.

Comprobación de datos: el caso penal contra Phil Zimmermann por exportar PGP (1993-1996); la clasificación de la criptografía como arma bajo el ITAR y la lista de material militar de Estados Unidos. Las restricciones de exportación estadounidenses no se relajaron hasta el año 2000.

En Europa se aplica el Arreglo de Wassenaar. Según ese acuerdo, el cifrado fuerte por hardware se clasifica como «tecnología de doble uso», regulada exactamente al mismo nivel que los componentes de misiles y los sistemas de radar.

La Unión Europea no es ninguna excepción. Un fabricante o distribuidor de criptografía fuerte entra dentro del reglamento de productos de doble uso (2021/821), lo que significa licencias obligatorias, informes estrictos y supervisión constante del Estado. Cada país miembro tiene sus propios servicios de inteligencia vigilando esto. El Estado nunca pierde de vista el cifrado.

Por eso la única persona en la que puedes confiar de verdad eres tú mismo, y no el microordenador de otro.

Ningún hardware dura para siempre. Por eso creamos clones.

Había una idea que me aterraba de los monederos hardware clásicos. Compras cripto, metes el monedero en un cajón y esperas. Cinco años después, cuando el activo ha hecho un x100, enchufas ese USB y no pasa nada. Los contactos se han oxidado, el chip simplemente se ha rendido. Todas esas ganancias se convierten en polvo por culpa de un trozo de plástico.

Por eso construí nuestra arquitectura sobre la redundancia. No recibes un dispositivo, recibes tres copias espejo. Pierdes la primera, dañas la segunda, y todavía tienes una copia funcionando a mano. Esto es tolerancia a fallos sin concesiones. Se acabó la fe ciega en un único USB.

¿Y una frase semilla en un papelito? ¿En serio? ¿Confiar millones a un trozo de papel que puede arder, que te pueden robar o que tu pareja puede tirar sin querer, y encima comprar una caja fuerte solo para eso? Casi mejor guardas el dinero debajo del colchón.

Jan Pejša, fundador de Mitilena. Protejo tu cripto como si fuera mía.
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Tu cripto no es tuya si las claves están en los servidores de otro. Te devolvemos la soberanía absoluta.

Y la cosa no acaba en los servidores: los chips de terceros son igual de vulnerables.

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Cypherpunk & OTC Trader

Una pegatina stealth en un mueble es otro nivel de anonimato. Nadie sospecha que tengo un monedero debajo del escritorio. ¿Y la firma remota? Es una locura. Un compañero prepara la transacción en la oficina y yo la apruebo con una pegatina desde el otro lado del mundo.

La seguridad vista por quienes saben

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Trader sistemática

La industria cripto vende una ilusión de control. Te dan 12 palabras y luego te encadenan a su software. Prueba a importar esa semilla en otro monedero y es cara o cruz si ves un saldo a cero. Aquí tienes la base absoluta: acceso directo a tu clave privada.

El principio de la antifragilidad

La blockchain es indestructible porque sus datos están replicados miles de veces. Tu cuerpo sobrevive porque miles de millones de células duplican el mismo ADN. Y sin embargo, un monedero hardware normal es un único punto de fallo.

Guardar una clave en un solo USB es una bomba de relojería. Estamos desmontando ese enfoque. Se acabó depender de un único trozo de metal: copia tu clave privada en tantos soportes NFC como quieras, cuando quieras.

Stealth absoluto

Los monederos hardware clásicos gritan que dentro hay dinero. Hay que esconderlos en cajas fuertes, cargarlos constantemente y enchufarles cables. Nosotros quitamos lo superfluo e hicimos el dispositivo invisible.

El formato pegatina se funde con el entorno, basta con pegarla debajo de una mesa. No tiene batería y no emite ninguna señal. Las transacciones se firman 100% offline (air-gap) con un toque rápido del móvil por NFC.

Protección frente a los de dentro

Hemos eliminado por completo todos los scripts de terceros. Nada de Google Analytics. Nada de Hotjar (que literalmente graba tu pantalla).

Sundar Pichai ni el consejo de administración de una empresa de Silicon Valley van a robarte tus satoshis. Pero un administrador de sistemas cualquiera con acceso a la base de datos y a los registros sí podría. Puede ver tu pantalla, cambiar la dirección en tu portapapeles o llevarse tus datos. Y el soporte te responderá sin más: «No hemos encontrado ninguna vulnerabilidad por nuestra parte».

¿Quién controla realmente las claves y dónde se firman las transacciones?

Tú y solo tú. Descartamos por principio a terceros, servidores y exchanges centralizados. Toda la criptografía se ejecuta estrictamente en local, en tu móvil. Incluso con blockchains exigentes y anónimas como Monero, las transacciones se construyen y se firman enteramente dentro de nuestra app y nunca salen de tu dispositivo. Tu clave privada está cifrada con tu contraseña personal. Aquí es imposible que te bloqueen la cuenta porque a un administrador de la plataforma le dé por chasquear los dedos. Not your keys, not your coins.

¿Qué pasa si el monedero se estropea después de cinco años de hodl?

Imagínatelo: compraste Bitcoin, lo hodleaste cinco años y el precio se fue a la luna. Sacas tu monedero hardware clásico para recoger beneficios, lo enchufas al USB… y ni siquiera arranca. Fin de la partida. ¿Has intentado alguna vez encender un ordenador que lleva cinco años en un armario? ¿O arrancar un coche? Al cabo de un par de años ni un juego de Xbox te arranca a la primera.

Con nuestra arquitectura ese escenario es imposible. No le rezas a un único dispositivo frágil. Tu tarjeta NFC es un soporte fiable para datos cifrados, no electrónica compleja que muere por el polvo y el tiempo. Además, no dependes de nuestro plástico: puedes comprar diez etiquetas NFC vírgenes por cuatro duros en cualquier tienda de electrónica y clonar tu monedero cifrado en varias copias de seguridad.

¿Una etiqueta destruida o perdida en una mudanza? Da igual, siempre hay una copia espejo en otro sitio. Y ninguna persona de la limpieza se va a dar cuenta de que ahí hay dinero, así que ni siquiera necesitas una caja fuerte.

¿Por qué nuestra tarjeta NFC es más fiable que los «chips inteligentes seguros»?

Los monederos hardware clásicos usan chips inteligentes cerrados («Secure Elements»). Es un microordenador con el código fuente cerrado. Le mandas una transacción, hace su magia oculta y la firma.

En realidad estás confiando tu dinero a un operario anónimo de una fábrica o a un programador corporativo al que no has visto en tu vida. ¿Y si la mafia local o un topo controla la línea de producción? Nadie sabe qué hay realmente cableado en ese chip. ¿Qué impide que alguien entierre ahí una puerta trasera que vacíe las claves con un disparador ingenioso, o que vaya raspando saldos discretamente en uno de cada mil monederos? Cuando tu saldo llegue a cero, ¿a quién vas a reclamar? ¿A la ONU?

Nuestra tarjeta NFC es solo un chip de memoria «sordo» que guarda tu texto cifrado. No sabe pensar y no tiene algoritmos ocultos. El cifrado lo haces todo tú.

La mayoría de los chips de firma del sector son de Samsung. Pero cuando Samsung manda capturas de pantalla de tu televisor a sus propios servidores, ni siquiera lo esconde. Y la otra parte de los chips, los que no son de Samsung, están reventados desde hace tiempo, y así sucesivamente.

Modelos populares de Smart TV de Samsung y LG hacen varias capturas de la pantalla cada segundo, incluso cuando el televisor se usa como monitor externo de un PC o de una consola. Fuente

¿Y si un mensajero o un empleado de correos abre el paquete y cambia la tarjeta?

Nos da igual quién entregue el paquete. Nuestra seguridad no depende de quién tuvo la tarjeta antes que tú. Las tarjetas llegan absolutamente vacías. Tú mismo inicializas la tarjeta y la clave privada se genera en local, en tu móvil. Incluso si un mensajero te colara su propia tarjeta NFC, bastaría con borrarla, escribir en ella tu clave cifrada, poner tu PIN y ya sería tuya. Aquí no existe la confianza ciega en la cadena de suministro.

¿Por qué? Porque en la tarjeta no se ejecuta ningún firmware. Puedes leer el contenido de la tarjeta con cualquier app NFC. Ahí solo hay texto cifrado, y eres libre de intentar descifrarlo si te sobran 40.000 años.

¿Qué garantía hay de que el fabricante no tenga acceso a las claves?

Absolutamente todos nuestros soportes, del plan Basic al Trust, llegan completamente vacíos. Las claves se generan en local, en tu dispositivo, no en nuestros servidores. Tras la escritura, la tarjeta queda bloqueada de forma permanente con tu PIN personal. Sin él nadie puede leer la clave, ni siquiera nosotros, aunque te confiscásemos la tarjeta físicamente.

Para los maximalistas: si la arquitectura honesta no te basta y quieres una garantía demostrable matemáticamente, elige el plan Ultimate. La generación de claves y la firma ocurren en un dispositivo físicamente desconectado de internet (air-gap). Las claves sencillamente no tienen por dónde escaparse.

¿Y si mi móvil tiene virus? ¿Pueden robar dinero de la app?

La arquitectura de los móviles modernos (sobre todo iOS de Apple) es radicalmente distinta a la de un PC con Windows, donde los virus campan a sus anchas. Se apoya en un sandbox estricto. Nuestra app vive en un búnker digital aislado. Aunque te descargues un troyano o una app de linterna infectada, físicamente no puede entrar en la memoria de nuestro monedero ni interceptar sus procesos.

Lo único que puede hacer un virus de consumo masivo (un clipper) es cambiar la dirección de destino en tu portapapeles. Pero ahí te salva nuestra arquitectura física: antes de enviar, la app muestra la dirección final en letras enormes. Hasta que no la compruebes con tus propios ojos y acerques físicamente tu tarjeta NFC al móvil, la firma no se genera. Un virus no puede acercar la tarjeta por ti.

Y todo esto vale para la versión sin firma offline. En la versión offline, mil virus en tu móvil no pueden hacer absolutamente nada.

¿Y si me hackean el móvil con spyware del nivel de Pegasus?

Los monederos normales no pueden hacer nada aquí. Los exploits comerciales de cero clics pueden leer en silencio tu pantalla y tu memoria. Si eres un objetivo de ese nivel, tu opción es el plan Ultimate.

¿Cómo se defiende uno de eso? Coges un móvil aparte (uno viejo sirve), instalas Mitilena Keys y Mitilena Offline, le quitas la SIM, olvidas todas las redes wifi y lo dejas en modo avión para siempre. Eso es un air-gap total. La generación de claves y la firma ocurren en aislamiento físico absoluto.

¿Y cómo se envía un pago en ese modo? Los datos pasan a tu móvil principal (el que está en línea) exclusivamente escaneando códigos QR con la cámara. Sin cables, sin Bluetooth. Ni un virus de 100 millones de dólares puede extraer tus claves, porque el dispositivo está físicamente aislado del mundo.

¿Qué hacéis frente a un ataque físico o un chantaje?

Seamos sinceros: ningún monedero normal ni la multifirma clásica te salvan del ataque de la llave inglesa de 5 dólares. Con la multifirma estándar, los delincuentes siguen un guion: retienen al primer firmante, llaman al socio, le dictan la frase semilla y el dinero vuela. Todo ocurre a distancia.

Nuestro plan Trust (multifirma) destroza ese guion. Si te acorralan, llamas a tu socio. Pero él no puede dictarte un código ni mandarte la frase semilla por Telegram. Para que la transacción salga, su tarjeta tiene que acercarse físicamente a tu móvil. El atraco a distancia queda cancelado. Los delincuentes tienen que concertar una cita cara a cara, enseñar la cara ante las cámaras y arriesgarse a 20 años de cárcel. Sencillamente se rendirán y buscarán a alguien con un Ledger normal.

¿Hay algún punto débil? Técnicamente sí. Si quien te aprieta es un genio informático capaz de decompilar nuestra app en un portátil allí mismo, en medio del bosque. Pero las probabilidades de toparte con alguien así rozan el cero.

Los fanáticos de la multifirma en blockchain te dirán que los contratos inteligentes son más seguros. Tonterías. La multifirma clásica se rompe con una sola llamada a un socio asustado, que suelta la frase semilla del susto y te roban a distancia.

Podríamos habernos puesto radicales y atar las matemáticas directamente al chip de una tarjeta concreta. Pero entonces el menor fallo de ese plástico significaría la muerte irreversible de los activos. Para evitarlo tendrías que hacer una copia de los datos del chip en papel.

Y aquí se cierra el círculo: los chantajistas simplemente obligan a tu socio a sacar ese papel de la caja fuerte, fotografiarlo y mandarlo por Telegram. Y te roban a distancia otra vez.

Nuestra arquitectura es un blindaje para el mundo real. Hacemos imposible el atraco a distancia, lo que filtra el 99,9% de la delincuencia, y aun así te dejamos derecho a equivocarte y a tener copias de seguridad cómodas.

¿En qué se diferencia de un USB?

Dejémonos de ilusiones. En la web del fabricante, comprar un USB con botones parece un gadget de espía, pero en la vida real es puro teatro de seguridad.

Primero, ese USB es una diana radiactiva. En cuanto lo sacas en el control del aeropuerto o lo dejas encima de la mesa de la oficina, a cierta gente se le hace la boca agua. Básicamente te has colgado a la espalda un cartel de neón que dice «tengo cripto».

Segundo, el circo de la frase semilla. El fabricante te dice: «apunta 12 palabras en un papel». ¿Y dónde lo vas a esconder? ¿Compras una caja fuerte? Una caja fuerte doméstica es un imán para cualquier ladrón. Seamos sinceros: en el 90% de los casos ese papel acaba metido en un libro o en la mesilla de noche.

La persona de la limpieza, un adolescente curioso o un ladrón que entra mientras estás de vacaciones simplemente fotografían ese papel y lo dejan donde estaba. Puede que te enteres de que te han vaciado medio año después.

Comprar un USB de cripto sofisticado y luego guardar el acceso en un trozo de cartón dentro de un cajón es como ponerle a tu casa una puerta de titanio de un millón y esconder la llave debajo del felpudo. Según el manual lo hiciste todo bien, pero al final solo te has engañado a ti mismo.